El 30 de diciembre, con el Hespérides fondeado en la Bahía Sur de la isla Livingston, frente a la playa donde está la BAE Juan Carlos I, se inició el desembarco del personal y los materiales destinados a esa base durante el inicio de campaña. A diferencia de lo ocurrido otros años, en que la apertura de las bases tuvo lugar casi un mes antes, en esta ocasión no había mucha nieve acumulada en las zonas de las bases, pues en caso contrario hubiera requerido del duro trabajo de palear. A pesar de ello, la apertura de una base antártica no está exenta de dificultades.
Las dos bases que tiene España en la Antártida sólo están ocupadas durante los 3-4 meses que dura la campaña, quedando vacías los ocho meses restantes del año. Los rigores del invierno polar suelen pasar factura a las infraestructuras de las bases, y este año no ha sido una excepción. Los datos meteorológicos que se registran continuamente en la BAE Juan Carlos I han desvelado que el pasado invierno austral se produjo allí un duro temporal, con vientos sostenidos de 100 km/h y rachas de hasta 140 km/h, que llegaron a derribar las puertas de algunos de los antiguos dormitorios de la base, metiéndose la nieve dentro, aparte de tirar al suelo algún módulo antiguo. En la BAE Gabriel de Castilla, en isla Decepción, las inclemencias meteorológicas también causaron daños en los iglús que se emplean como dormitorios, y tiraron una de las antenas, entre otros desperfectos.
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