Hasta ahora los científicos pensaban que era un liquen. O quizá una ameba gigante. Pero la curiosa criatura de la imagen, de 558 millones de años de antigüedad, tenía una sorpresa guardada: porque se trata en efecto, de un animal. Uno que se adelanta en varios millones de años a los más antiguos que se conocían hasta ahora y que está destinado a revolucionar nuestros conocimientos sobre el origen de la vida compleja.
Alejandro
Alejandro
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