Contemplar
la visión de decenas de bandejas de comida de un bufet, vistosos y
múltiples platos en una celebración o, simplemente, la nevera repleta
tras pasar por el supermercado, supone que nuestro cerebro se ponga a
hacer rápidos cálculos. «¿Por dónde empiezo?», «¿cuánta cantidad soy capaz de comer?» o «¿qué elijo, carne o pescado?»,
son algunas preguntas fugaces que solemos resolver en cuestión de
segundos, sin que nos demos casi cuenta. Este proceso que llevamos a
cabo casi de manera automática ha motivado un reciente estudio publicado en la revista «Nature Communications»
y donde los investigadores han encontrado que la toma de decisiones
sobre por qué escogemos unos alimentos u otros está estrechamente
relacionada con una región cerebral que, hasta ahora, se creía ajena a este proceso.
Alejandro
Alejandro
Comentarios
Publicar un comentario