Los
semáforos se han convertido en uno de los elementos del mobiliario
urbano que más utilizamos, pero seguramente se encuentren en el grupo de
los que más desapercibidos pasan. Todo el mundo conoce su «lenguaje» visual:
la luz verde indica que se puede pasar, la roja que debemos parar y el
ámbar separa a los otros dos colores. Lo que suele ser más ignorado es
su funcionamiento real, ese que determina cuántos segundos tiene que permanecer activado uno u otro color;
cómo se coordinan la red de semáforos de una ciudad; si son capaces de
detectar el paso de coches y peatones; y si hay alguien al otro lado o
«trabajan solos», por su cuenta.
Alejandro
Alejandro
Comentarios
Publicar un comentario