Al observar una fila de hormigas, llama la atención la diferencia de tamaños: las hay muy pequeñas, casi diminutas, al lado de otras que pueden triplicar el cuerpo de sus hermanas, pero que recorren el mismo camino. Lo más probable es que todas pertenezcan a la misma colmena y sean del tipo obrero, pero ¿cómo es posible que sean tan distintas si son de la misma especie?
Esta pregunta ha tenido intrigados a los científicos durante años, incluido el propio Charles Darwin, quien se cuestionó toda su teoría sobre la evolución por este hecho. Que algunas hormigas obreras, sobre todo las del género Pheidole -del que se conocen más de 1.000 especies distintas-, posean una gran cabeza acompañada de enormes mandíbulas no es casualidad, sino que ha sido la propia colmena quien las ha «creado» así para convertirlas en soldados. Esta teoría se desgrana de un estudio publicado en la revista «Nature» por científicos de la Universidad McGill (Canadá), que afirma que un órgano desarrollado por algunas larvas -que hasta ahora se consideraba «inútil»- tendría la culpa de que estas obreras fueran más grandes y aguerridas.
Alejandro
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