Circulando
con nuestro coche por la carretera, de repente, el vehículo que está
justo delante de nosotros frena de manera brusca y enciende las luces de
emergencia. En ese momento, paramos el coche, que apenas avanza según pasan los minutos.
Lo que si aumenta es la desazón y el nerviosismo entre la mayoría de
los conductores, que no vislumbran el fin del atasco. Pero entonces,
otra vez de manera súbita, la congestión en el tráfico cesa, sin que se vea un accidente, un control de seguridad o cualquier razón que explique por qué hemos permanecido casi parados durante tan largo rato. Es el «misterioso» caso de los «atascos fantasma».
Alejandro
Alejandro
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