A todos nos
ha pasado: estar desesperados por ir al retrete y, tras una frenética
búsqueda, cuando por fin conseguimos llegar a uno, encontrarnos con que
el asiento del váter está cubierto de «gotitas» de la persona que lo ha
usado antes. En esta desagradable situación, ¿qué deberíamos hacer?
¿«seguir adelante» y atenernos a las consecuencias, o adoptar la
consabida e incómoda postura en cuclillas mientras hacemos nuestras
necesidades?
Alejandro
Alejandro
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