El café llegó a Europa desde la actual Etiopía en los primeros años del siglo XVII. Su éxito fue enorme a pesar de su particular sabor, que hizo que recibiera en Venecia el inquietante nombre de «la invención amarga de Satanás». Después el Papa lo probó y le dio su bendición, lo que abrió la puerta definitivamente a la popularización de su consumo. Pero, ¿por qué nos gusta tanto una bebida que en principio debería resultarnos repulsiva? Reconocer la amargura es un sistema de alerta natural para proteger el cuerpo de sustancias nocivas, así que, por lógica evolutiva, deberíamos querer escupirla.
Alejandro
Alejandro
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