La personalidad de los seres humanos se fragua a lo largo de toda su vida: un episodio complicado puede suponer un antes y un después en la forma de ser de una persona, independientemente de la edad. Se conoce que, al igual que sus dueños, los perros tienen estados de ánimo y rasgos de personalidad. Pero hasta ahora se ha presumido que, al contrario que nosotros, la personalidad de los canes es relativamente inalterable, ya que no sufren grandes cambios en sus rutinas: pasear, comer, dormir. Sin embargo, un reciente estudio de la Universidad Estatal de Michigan contradice esta hipótesis revelando que nuestros compañeros van cambiando de forma de ser con el tiempo mucho más de que lo se creía, y además lo hacen condicionados en parte por nuestros cuidados.
Simbionte
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