El 20 de marzo de 2010 una pequeña erupción volcánica acabó con la quietud en el glaciar de Eyjafjallajökull, al suroeste de Islandia. El 14 de abril el volcán entró en una nueva fase eruptiva. El agua del glaciar entró en contacto con la lava y se vaporizó, aumentando el poder explosivo del volcán y creando una ceniza muy abrasiva y rica en cristal. La potencia del Eyjafjallajökull fue suficiente como para inyectar los piroclastos en la atmósfera, cuyos vientos los dispersaron en dirección sureste. En consecuencia, entre el 15 y el 20 de abril se tuvo que cerrar parcial o totalmente todo el espacio aéreo de Europa, causando pérdidas billonarias y la cancelación de cerca de 100.000 vuelos.
Alejandro
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