En nuestra vanagloria, consideramos que los seres humanos logramos producir herramientas complejas gracias a nuestro impresionante cerebro, que nos convierte en los seres más ingeniosos e inventivos del planeta. Eso es cierto en buena parte, pero tampoco significa que nuestros antepasados, ni nosotros mismos, seamos todos unos genios. La eficacia de tecnologías tradicionales como los arcos o los kayaks depende de numerosos parámetros que siguen siendo difíciles de entender incluso para los físicos modernos. Por ese motivo, algunos antropólogos se han preguntado si estas tecnologías han sido el resultado de nuestras capacidades intelectuales o, más bien, de nuestra capacidad de imitar a otros miembros de nuestra propia especie.
Alejandro
Alejandro
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