«Es curioso cómo España, un país católico, acepta tan bien el debate de nuevas ideas. En Alemania es muy difícil. Debe de ser algo cultural», reflexionaba Julian Savulescu el jueves después de dar una conferencia en la Universidad de Comillas en Madrid, con la sala abarrotada. Los asistentes, entre ellos varios sacerdotes, alargaron la sesión con sus preguntas mucho más de lo previsto. Es lógico. Este filósofo y bioeticista australiano, director del Centro Uehiro para la Ética Práctica en la Universidad de Oxford, defiende un discurso tan provocador que la discusión podría prolongarse indefinidamente. Por ejemplo, está a favor de utilizar la edición genética para incrementar las cualidades de los bebés, algo que incluso considera una «obligación moral». Tampoco rechaza la clonación humana, a su juicio tan solo una «curiosidad científica». ¿Boutades? Está acostumbrado a las críticas más duras, pero advierte de que tarde o temprano los avances en biomedicina y las tecnologías emergentes pondrán sobre la mesa las prácticas de biomejoramiento. Así que es mejor empezar a hablar sobre ello antes de que nos pasen por encima.
Simbionte
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