Hace unos días se conmemoraba el centenario de la verificación de la teoría de la relatividad general de Albert Einstein, las ideas que son la base de cómo entendemos el mundo a día de hoy. Un eclipse probaba cómo la luz se curva por acción de la gravedad, dando la razón al genial físico y quitándosela al mismísimo Isaac Newton. Pero los postulados de Einstein iban más allá: ya en su teoría de la relatividad especial -a la que nadie hizo demasiado caso- afirmaba que la luz era mucho más y que sus partículas viajaban a través de un vacío a un ritmo constante de 299.792.458 metros por segundo (1.080.000.000 kilómetros por hora), una velocidad que es inmensamente difícil de alcanzar e imposible de superar en ese entorno. Una idea revolucionaria que aún hoy brinda orientación para que comprendamos, entre otras cosas, la mecánica del espacio, y mantener a las naves espaciales y los astronautas a salvo de la radiación.
Simbionte
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